SEGÚN ROBERT KAGAN (Neocon y embajador consorte de EEUU en la OTAN) RUSIA ES MÁS PELIGROSA QUE LOS TALIBANES

Por su interés reproducimos esta entrevista en la que este Neocon de referencia nos ofrece algunas perlas sobre Rusia que no tienen desperdicio… (la entrevista fue realizada antes del conflicto de Georgia con Osetia del Sur y Abajasia, y nos ayuda a poner en contexto la agresión sin sentido realizada por el presidente de Georgia a estos territorios rusos, y que think-tank puede ser el inspirador de la misma).

Robert Kagan, analista político norteamericano. “El próximo presidente de EEUU deberá considerar la guerra en Irán para evitar que tenga la bomba nuclear”. Cargo: Ensayista político y actualmente consejero del candidato republicano a la Presidencia de EEUU John McCain. Edad: 49 años.

A las afueras de Tervuren, un pueblo flamenco cerca de Bruselas, y tras subir un largo camino que serpentea entre frondosos prados, Robert Kagan aparece delante de una mansión de aire colonial, que casi parece pequeña en comparación con la inmensa arboleda de la propiedad interrumpida sólo por una bandera estadounidense en calma. «Normalmente, no vivo en una casa así. Es la parte positiva de estar casado con una embajadora de Estados Unidos. ¡Alguna tenía que tener!», aclara, de inmediato, el afable y relajado inquilino. Porque el autor de la celebérrima frase «los americanos son de Marte y los europeos son de Venus», que desarrolló en uno de sus best-sellers de pensamiento político, y actual gurú de John McCain, está casado con Victoria Nuland, la representante de EEUU ante la OTAN desde 2005.

Bajo un arco de plantas, Kagan habla de su último libro, El retorno de la Historia y el fin de los sueños (Editorial Taurus), mientras arañas rojizas se pasean por la mesa y los brazos del corpulento americano, impertérrito incluso cuando se le cuelan por el cuello de la camisa. Este republicano que apoyó la Guerra de Irak, pero asegura que no es neoconservador, comenta, animado, las posibilidades de McCain, pese a que la prensa está «completamente» a favor de Obama, algo que también ha sufrido Hillary Clinton.

PREGUNTA.- ¿Cambiará la política exterior de EEUU con Obama o McCain?

RESPUESTA.- Habrá algunos cambios en detalles, pero las bases de la política exterior de EEUU son muy consistentes. Las diferencias tienen más que ver con las circunstancias que con diferentes filosofías. Si una persona llega al cargo y cree que el país debe jugar un papel especial en el mundo y que es bueno para EEUU ser poderoso, tiene una determinada política exterior; si cree, por el contrario, que EEUU es dañino para el planeta o demasiado fuerte, tendrá otra. Pero no se me ocurren muchos candidatos presidenciales que se hayan presentado con esta idea. Jimmy Carter es el único que pensaba, después de los 70, que EEUU era un problema para el mundo.

Obama cree que Bush es un problema para el mundo, pero no que EEUU lo sea. Gastamos más de medio billón de dólares en Defensa, pero ninguno de los candidatos aboga por reducir este presupuesto: si quisieran un verdadero cambio en la política exterior, apostarían por recortarlo. En parte, no se hace porque los estadounidenses aún tienen un fuerte sentido de que deben ser un agente para el bien mundial y, en parte, por el 11-S. Sea con McCain o con Obama, lo que sí veremos es un mayor esfuerzo de EEUU por acercarse a los aliados. McCain ya habla de que EEUU debe ser «un buen ciudadano del mundo», liderar la lucha contra el cambio climático en lugar de quedarse atrás, y cambiar la política sobre la tortura… Si las autocracias están resurgiendo, las democracias deben unirse. Propongo una liga de democracias que no sea sólo de europeos e incluya también a Brasil, la India o Japón.

P.- ¿Quién decidirá qué es una democracia?

R.- La UE es una liga de democracias. Hay una lista larga de criterios que cumplir para entrar, cojámosla y apliquémosla a todos los países. La UE dice cada día lo que es una democracia y lo que no.

P.- ¿No se crearán dos equipos enfrentados?

R.- Ya hay dos ligas de democracias: la OTAN y la UE. Si nos preocupa lo que diga Putin, tendríamos que disolverlas. ¿Es una amenaza que las democracias se encuentren y debatan asuntos mundiales? Los más ricos se encuentran en el G-8, los más pobres en el G-77… La institución que falta es una donde se puedan juntar las democracias.

P.- ¿Y cerramos la ONU?

R.- No, igual que no la cerramos por el hecho de que existan el G-8 o la OTAN. La liga de democracias debe complementar, no reemplazar a la ONU. Un paso que haría esta liga menos significativa sería ampliar el Consejo de Seguridad y modernizarlo. Franklin D. Roosevelt eligió a sus miembros en los 40, pero, ¿qué significa eso hoy? ¿Por qué no están Brasil, la India, Japón o Alemania? Estoy a favor de reformarlo, pero China lo impide y los europeos también defienden su posición especial. La ONU no está sirviendo a los propósitos para los que se fundó. Cuando hay un problema en Zimbabue, Birmania o Darfur, el Consejo se bloquea, porque las autocracias no quieren presionar a esos regímenes.

P.- Ya no confía en la promoción de la democracia…

R.- Sí, pero no está funcionando, porque dos de los mayores países del mundo son autocracias. Rusia estaba convirtiéndose en una democracia, pero Putin la ha transformado en un sistema casi zarista, y China tampoco ha evolucionado como se esperaba. Al final de la Guerra Fría, creíamos que todo se desarrollaba hacia la democracia, que eso es lo que significaba el fin de la Historia, y que si las naciones tenían éxito económico, se convertirían en democracias. Pero eso no es necesariamente verdad. No debemos sentarnos y esperar a que la democracia venga sola: debemos ser más activos en defenderla. Los occidentales hemos cometido un error en Rusia. Mientras Putin ha ido eliminando partidos políticos, encarcelando a opositores y monopolizando la prensa, ¿qué ha hecho, o incluso, qué ha dicho Occidente al respecto?

P.- ¿Se arrepiente de haber apoyado la Guerra de Irak?

R.- Siento que la guerra se hiciera tan mal, por la gente que ha pagado el precio, sobre todo los iraquíes, y también por la reputación de EEUU. La promoción de la democracia también ha salido dañada, si bien ése no fue el motivo de la guerra, aunque Bush hablara mucho de ello. No siento la caída de Sadam Husein. Era un hombre muy peligroso. No siento la decisión de eliminarle, siento cómo se ha combatido la guerra. Pero ahora creo que la nueva estrategia está teniendo bastante éxito, incluso el ministro de Exteriores francés estuvo hace unos días en Bagdad y dijo que parecía que las cosas estaban mejor.

P.- ¿Se sentará EEUU a hablar con Irán?

R.- En algún momento, probablemente lo hará, aunque no sé si Ahmadineyad es la persona adecuada, no es bueno fortalecerlo. Ya que EEUU y la UE se han puesto de acuerdo en los términos innegociables, como la suspensión del enriquecimiento de uranio, yo no cedería un ápice sin garantías de que Irán está dispuesto a entablar una negociación seria. Y no estoy seguro de que el régimen de los ayatolás la quiera, pero, en principio, EEUU puede hablar.

P.- ¿Está EEUU en condiciones de soportar otra guerra?

R.- No sé qué va a ocurrir. Soy escéptico de que podamos convencer a Irán para que abandone su programa de armas nucleares. Existe un gran interés nacional por el sentido de ser una gran potencia. No creo, igual que han dicho tanto Obama como McCain, que se pueda excluir ninguna opción. Puede llegar un día en que la guerra sea necesaria. Si el próximo presidente decide que es intolerable que Irán tenga un arma nuclear después de un largo proceso negociador y la alternativa es Irán con un arma, creo que, por supuesto, cualquier presidente de EEUU debe considerar la intervención militar. Y no iría solo: el presidente francés también dice que es intolerable que Irán tenga un arma nuclear.

P.- ¿McCain cerrará Guantánamo?

R.- Sí, lo ha prometido, el primer día de su Presidencia. No sólo eso, sino que cambiará la política sobre la tortura de EEUU para alinearla con los estándares internacionales. Tenemos una situación inusual en la Historia: ¿qué hacer con la gente que no pertenece a ningún país en particular y ha cometido actos de terrorismo? Se necesita un nuevo marco. La Convención de Ginebra no cubre a ese tipo de personas, pero EEUU debe estar en el lado correcto sobre la tortura; lo contrario es inaceptable. Puede que haya que reescribir los términos de la Convención, pero debe hacerse con consenso internacional.

P.- Usted escribe que China o Rusia son poderes tradicionales del siglo XIX y la UE, posmoderno del XXI. ¿En qué siglo está EEUU?

usafomentaguerrasR.- En el XX. Hoy sólo Europa, y sólo en parte, ha dejado el gran poder tradicional. Incluso dentro de Europa, los estados grandes desean sentir su poder nacional, y de ahí las dificultades para una política exterior común: algunas de las grandes capitales, y también España en cierto sentido, quieren su propio papel especial. Pero, en general, la UE no es la típica gran potencia. Rusia, China, Japón y EEUU se comportan de manera más tradicional. La UE no quiere formas tradicionales de poder, sino un poder más económico, más blando, más institucional.

P.- ¿Es ése el futuro también para EEUU?

R.- Hace tiempo, mucha gente en Europa pensaba que la UE sería un modelo para el mundo. Quizá algún día sea verdad, pero ahora mismo el mundo no se mueve en esa dirección, es mucho más tradicional en su comportamiento. Soy realista. No creo que la naturaleza humana cambie tanto; lo único que cambia son las instituciones en las que opera. Si la democracia parecía triunfante después de la Guerra Fría fue porque los poderes que creían en la democracia triunfaron, no porque lo hiciera la idea de democracia. Rechazo la noción de que las ideas ganan. En el mundo real, las ideas necesitan apoyo y refuerzo. No puedes simplemente asumir que todo se desarrolla en la dirección correcta.

P.- EEUU también apoya autocracias, como Arabia Saudí.

R.- Es un problema. Se debe a la ilusión de estabilidad y a la creencia de que si se toca el status quo, llegará un mal cambio. ¿La monarquía saudí va a continuar así para siempre? Es como si hubiéramos pensado que el sha de Persia era el futuro. Nos equivocamos al ligarnos a estos regímenes. Entiendo los riesgos, pero es mejor adelantarnos al cambio a esperar a que nos estalle. No creo que nos haya beneficiado apoyar estas autocracias. Hemos pagado un precio.

P.- ¿Qué se debe hacer?

R.- Lo que hacíamos en la Guerra Fría: presionar, reducir la ayuda. Condi [Condoleezza Rice] fue a Egipto antes de las elecciones de 2005 y le dijo a [Hosni] Mubarak «tienes que hacer esto, esto y esto», pero él no hizo nada; nuestra repuesta fue dejar de prestar atención. Si haces una lista, debes decirle a Egipto que, o cumple, o los 3.000 millones de ayuda serán 1.500 el año próximo. La presión ha tenido cierto éxito en Pakistán, donde la situación ha mejorado. Ya lo hemos hecho en el pasado, en la Guerra Fría, aunque el comunismo no sea comparable al terrorismo extremista. Durante mucho tiempo, muchos temían retirar el apoyo a Pinochet o a Marcos, porque llegarían los comunistas, pero lo hicimos y las cosas mejoraron. Ahora estamos diciendo lo mismo: si no tienes a Mubarak, tendrás a Al Qaeda, pero no creo que esto sea necesariamente verdad.

P.- ¿Se ha convertido Al Qaeda en una excusa para todo?

R.- Sólo hay un grupo de gente en el mundo que quisiera, y que está intentando, hacer estallar un arma nuclear en Nueva York o en Washington. En toda la Guerra Fría, la URSS nunca quiso lanzar misiles nucleares. Estos lo quieren hacer de verdad. Si eres presidente de EEUU, tu prioridad es evitar que suceda, pero no significa que toda tu política exterior deba ser la guerra contra el terror; este paradigma no es suficiente para tratar con Rusia, con China o con Oriente Medio. El paradigma anticomunista era muy simplista. El mundo era más complicado y también lo es ahora. No significa que no sea la amenaza número uno, pero no puedes construir toda la política exterior a su alrededor.

P.- ¿Ve una pausa en la lucha contra el extremismo islámico?

R.- Sí, pero, aunque Al Qaeda supone una gran amenaza, el siglo XXI NO va a estar marcado por la lucha entre el islam y la modernidad, SINO por las grandes potencias y la competencia entre democracia y autocracia.

P.- ¿El nacionalismo llevará a la ruptura de países?

R.- Ya no es el nacionalismo étnico de los 90 que llevó a la ruptura de la URSS o Yugoslavia. Ahora debemos preocuparnos por otro tipo de nacionalismo: el de las grandes potencias, como Rusia, que, por primera vez desde 1990, hace desfiles militares con tanques y misiles. La UE, en cambio, está moviéndose en otra dirección. Favorece los mininacionalismos dentro de los estados, porque sienten que si se separan lo harán con una cobertura más segura. En un mundo tradicional, si España, por ejemplo, no formara parte de una entidad superior como es la Unión Europea, los nacionalismos periféricos supondrían una amenaza para la soberanía de la nación. Pero ahora que los estados ya no tienen moneda propia, que existen organizaciones de defensa supranacionales, etcétera, los nacionalistas de Escocia, Flandes o Cataluña saben que hay menos cosas en juego y pueden expresar sus identidades individuales con un riesgo más bajo que antes. Por ejemplo, Bélgica ha estado nueve meses sin Gobierno y no ha pasado nada, porque tienen el euro, la política económica es comunitaria, etcétera. Con su moneda de antes, sí hubieran sufrido mucho durante esos meses.

LA CUESTION:
P.- ¿Mejorarían las relaciones de España con EEUU con McCain en la Casa Blanca?

R.- No creo que la relación sea tan mala ahora. España contribuye con tropas en Afganistán y no es el único país que ha retirado las tropas de Irak, también lo ha hecho, por ejemplo, Polonia. En su momento, fue una decisión desafortunada, desde mi punto de vista, pero creo que EEUU y España tendrán buenas relaciones en el futuro, especialmente porque tienen tantos intereses comunes en Latinoamérica, en tratar con Hugo Chávez y otros problemas de la región. No siempre estaremos de acuerdo en qué hacer, pero compartimos muchos intereses comunes, también en el Mediterráneo y en el Norte de Africa.

“Soy una “mala esposa” de embajador, lo hago mal”

La vida de Kagan parece idílica. El bromea con que lo seguirá siendo cuando, en unas semanas, vuelva a su casa en Virginia y sustituya el extenso campo alrededor de la residencia de la embajadora de EEUU en la OTAN -su mujer, que termina ya su misión- con un patio trasero americano. Se dedica a leer, a escribir, a entrenar a sus hijos, y «de vez en cuando» a viajar con su ocupada esposa.

Pregunta.-¿Se autocensura por estar casado con la embajadora de EEUU en la OTAN?

Respuesta.-Sí, tenemos un acuerdo la mayor parte del tiempo: no debo hablar de las cosas en las que ella está involucrada personalmente. Era así cuando trabajaba para la Administración Clinton y es así ahora, porque tengo que volver a casa y dormir por la noche, así que debo tener cuidado. Digamos que no me censuro lo suficiente como para hacerla feliz.

P.-La mayoría de los embajadores en la OTAN son hombres, ¿es aburrido, para usted, quedarse con las mujeres?

R.-Las mujeres son muy buenas. Pero yo soy una mala esposa de embajador, porque no hago todas las actividades que debería. Lo hago mal. Ya sabían que sería así y se han acostumbrado

P.- ¿Repetirá su esposa como embajadora?

R.- Ya está en una posición en que todo depende de quién tiene el poder. Tendrá una carrera estupenda y me alegro de que ahora se coja un año para disfrutar un poco de la vida.

P.-¿Usted ha pensado en volver al Gobierno?

R.- Trabajé en los 80 en la Administración. En esta familia hay dos personas: una es verdaderamente buena para estar en el Gobierno y otra, no.

P.-¿Ha cambiado su visión de la UE en estos años en Bruselas?

R.- Sigo siendo pro-UE y espero que tenga éxito. Desafortunadamente, soy más pro-UE que los conservadores británicos. Desde el punto de vista estadounidense, una UE fuerte, unificada e independiente es bueno, incluso si no está de acuerdo con EEUU. En el mundo que preveo, en que las autocracias se fortalecen, es bueno que las democracias sean más fuertes. También he vivido aquí los años suficientes como para ver los obstáculos. Los europeos dicen cada día «necesitamos una política energética común con Rusia», pero no la consiguen… El mundo no ha cambiado como los europeos quisieran.

P.-Está a gusto con el término neocon?

R.- No para mí. No creo que yo sea conservador en absoluto, ciertamente no en política exterior… Setenta y siete senadores americanos, incluyendo a Hillary Clinton y otros demócratas, votaron a favor de la guerra y el 60% del público la apoyaba, pero cuando salió mal, de repente, parecía que sólo seis personas estaban de acuerdo, los neocon: fue un intento de culpar a un pequeño número para absolver a los demás de su responsabilidad.

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